El Día del Orgullo Autista supone un enfoque distinto sobre lo que significa ser autista, sobre el enfoque habitual que ha predominado en la sociedad.

No se trata de negar las dificultades que algunas personas pueden experimentar ni de ignorar los apoyos necesarios para muchos autistas a lo largo de su vida. Simplemente se trata de reconocer que el autismo también forma parte de una identidad y de una manera legítima de formar parte del mundo.

Durante décadas, el autismo fue descrito principalmente desde las limitaciones, las carencias o aquello que debía corregirse. Sin embargo, cada vez más personas autistas están reivindicando una visión más amplia, justa y realista, que incluya sus fortalezas, sus capacidades y sus aportaciones a la sociedad.

Hablar de orgullo significa rechazar la idea de que alguien deba esconder quién es para ser aceptado. Significa promover la autoestima, la aceptación y el derecho a participar plenamente en la comunidad o sociedad sin renunciar a su propia identidad.

La diversidad neurológica forma parte de la condición humana. Existen múltiples maneras de aprender, comunicarse, relacionarse y comprender el entorno. Reconocer esta realidad nos ayuda a construir espacios más inclusivos y respetuosos para todos.

El orgullo autista no busca establecer diferencias entre unas personas y otras. Busca recordar que nadie debería sentirse inferior por procesar el mundo de una manera distinta.

Porque la inclusión comienza cuando dejamos de exigir que las personas cambien para encajar y empezamos a valorar la riqueza de la diversidad humana.