Cuando una persona autista experimenta una crisis emocional o sensorial, todavía es frecuente escuchar comentarios como “está teniendo una rabieta” o “solo busca llamar la atención”. Sin embargo, estas interpretaciones suelen estar muy lejos de la realidad…
Un desbordamiento puede ocurrir cuando la acumulación de estímulos, emociones, cambios inesperados o situaciones estresantes supera la capacidad de gestión de la persona en ese momento.
No se trata de una conducta voluntaria ni de una estrategia para conseguir algo. Simplemente estaríamos ante una respuesta a una situación que se ha vuelto demasiado difícil de procesar: que le desborda, que le supera…
Durante estos episodios, algunas personas pueden llorar, gritar, aislarse, bloquearse o necesitar escapar del entorno. Lo más importante no es corregir la conducta, sino ofrecer seguridad, comprensión y apoyo.
Comprender esta diferencia cambia completamente la manera de actuar. En lugar de juzgar, podemos acompañar. En lugar de castigar, podemos ayudar.
La empatía comienza cuando dejamos de preguntarnos por qué alguien reacciona de determinada manera y empezamos a preguntarnos qué puede estar necesitando en ese momento.
Porque detrás de muchas conductas que no entendemos suele haber una necesidad que aún no hemos aprendido a escuchar: que no hemos sabido atender.
0 Comments