Durante años se ha difundido la idea errónea de que las personas autistas no tienen interés por relacionarse con los demás. Sin embargo, la realidad suele ser muy diferente.

Muchas personas autistas valoran profundamente la amistad y los vínculos significativos, aunque los construyan de una forma distinta a la que la sociedad considera habitual. Algunas prefieren grupos reducidos, conversaciones centradas en intereses comunes y/o restringidos o incluso encuentros menos frecuentes, pero más intensos y sinceros.

La necesidad de pasar tiempo a solas no implica falta de afecto. Del mismo modo, no enviar mensajes constantemente o no participar en todas las actividades sociales tampoco significa desinterés. Cada persona tiene una forma particular de expresar cariño, confianza o cercanía.

Cuando comprendemos esta diversidad, dejamos de medir las relaciones con un único patrón y empezamos a valorar la autenticidad de los vínculos por encima de las apariencias.

Porque la amistad no siempre se manifiesta de la misma manera, pero puede ser igual de profunda, duradera y significativa.