Tengo 19 años y soy autista. Durante mucho tiempo pensé que esa palabra explicaba todo sobre mí. Con los años comprendí que explica algunas cosas, pero no todas. Soy estudiante, me gusta la tecnología, disfruto aprendiendo sobre historia y paso demasiado tiempo escuchando música. También soy una persona que necesita ciertos apoyos y que a veces encuentra dificultades en situaciones sociales que para otros parecen sencillas. Lo que más me gustaría que entendieran los demás es que cada persona autista es diferente. Muchas veces la gente cree que ya sabe cómo somos porque ha leído algo o ha conocido a otra persona autista, pero tan sólo se trata de una experiencia, de una vivencia en un espectro enorme y diverso. Dicho de otro modo: no existe una única forma de ser autista. Agradezco enormemente a las personas que se interesan por conocerme antes de sacar conclusiones. Las que preguntan, escuchan y respetan mis necesidades sin juzgarme. No necesito que nadie sienta pena por mí. Lo que necesito es que se me trate con respeto y que pueda disfrutar de las mismas oportunidades que cualquier otra persona. Al final, eso es lo que todos buscamos: igualdad, respeto e inclusión.
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